¿Hastiado de su amor…?





Vivía yo distante del corazón.
En una historia sin asombros, a media luz.
—El alma sin amor es una lluvia sin rocío,
un beso sin suspiros, ser mariposa sin sus alas,
—me habló Jesús en una noche que versaba
mi sed en tertulia con las estrellas.

Árboles llenos de bellotas lucían atentos.
Una intermitencia de luciérnagas bordeaba
la sombra de su realeza en sencillez.
—Señor,
estoy harto de escuchar de tu amor…
—me desahogué sin ambages, reacio a ser amado y amante.
Perdía mi alma sin hallar
la lágrima que la horadaba.
Era extraño, a la vez yo sentía sed de terror.
A punto de sepultar vivo mi corazón,
una lágrima en su rostro
lo explicaba todo. Entonces añadió:
—Sin amor, yo no existiría;
no existirían mis leyes, ni la música,
ni los latidos rítmicos del corazón,
 y la vida sería un caos;
y sin él, no tendrías los suspiros
por su belleza desinteresada.
Luego me transportó a una cruz… a su cruz…
Ahí me bañó con la lluvia de su amor…
y al miedo jamás amé otra vez.

La Promesa:  
“Y esta esperanza no nos defrauda,
porque  Dios ha derramado su amor
en nuestro corazón por el Espíritu Santo
que nos ha dado”
(Romanos 5:5).

Autor:
Juan Francisco Altamirano Rivera
Autor:
Juan Francisco Altamirano Rivera

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