AMOR hecho canción…




En tu interior la vida revive brillante, melódica. Cierro mis ojos y me celebras con la música de un abrazo. Eres Jesús
el concierto de mis deseos. Y me escribes en el alma una tonada con tu amor. Con la balada de tu mirada. Desde la luna de tu conciencia. Porque te empacas en los besos de tus mejores versos. Y amante me atraes. Me persuades con las notas de tus suspiros. Porque suave me seduces en tus adentros. Para amar y ser amado. En el arcoiris de una sagrada caricia. Y en la trova que fluye suave en el nacimiento de tu pecho. Mi alma te admira, y yo te adoro.


Eres Jesús la más tierna poesía. Eres el sol cuando la vida a mi alma enfría. El verso en cada hoja de mis otoños. El que me sonríe a colores en primavera. Eres Señor, la armonía de mi universo. El que satisface todos mis vacíos. Sin lesiones ni cicatrices. Y sin las lágrimas grises de la lascivia vacía. Me cantas con tus encantos, y me elevas hasta el jardín de tus pupilas. Frente al balcón de tus ensueños. En el romance de la adoración. Ahora que a mi piel abrazas debajo de una sábana de silencio. Sedoso y resistente. Púdico y no liviano. Eres Señor quien no marchitas a una fémina por hacerla sentir mujer. Y el que al hombre no degradas por hacerlo sentir varón.
Poro a poro te susurras Jesús, en el barítono de tu cantar. Eres el magneto de lo sublime. El paraíso que perfumas nuestros mares alterados. Eres Señor el soneto de nuestra libertad. Y cierras mis heridas con tu amor hecho canción. Cuando desvaría mi corazón en un desierto cruel. En tu enormidad de Dios escucho los latidos de un corazón tierno. Contigo hasta una brutal espina será otra rosa roja. Tu interior es un taller de canciones en composición. Eres el que evocas voces de amor en nuestras noches sin romances. El que hace santa al alma ofuscada por enredarse con otra piel hambrienta.
Jesús, tu corazón pulsa las emociones más supremas. Las que no deshojan la vida en añicos y dobleces. Las que no gemirán por la luna de otros soles. Eres Jesús el que sacias la gema inquieta que sale a pescar un beso cibernético. Eres Señor el perpetuo romántico; el apasionado que sacias al alma aburrida de besar infiel la misma piel. La arena blanca que se abraza con aguas turquesas. Sonrisa del Dios de amor que admira cónyuges en amores. En tu interior habita el alma y adopta tu lenguaje. Tu amor la satisface y no la ensombrece. Jesús, tu suspiro será un gran te quiero, y la vida será contigo, el mejor escenario de otoñales amoríos.
Autor:
Juan Francisco Altamirano Rivera

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